Los pagos internacionales son un mercado que consistentemente ha tenido una expansión en el mundo. Esto es sobre todo por el incremento de la compra/venta de productos y servicios a nivel internacional. De acuerdo con EY, este mercado espera mantener un crecimiento en 2022 alcanzando flujos de más de $156 trillones de dólares, cubriendo las necesidades tanto de personas como empresas.

Sin embargo, si nos enfocamos solo a los negocios B2B o mejor conocidos como empresas que venden a empresas, este mercado ocupa el 97% de dichos flujos, haciéndolo un mercado muy jugoso y atractivo para múltiples instituciones financieras. Esto, a últimas fechas, también para las empresas de tecnología financiera (FinTechs).

Aún cuando este mercado es atrayente, su operación y manejo todavía genera muchos dolores de cabeza a importadores y exportadores dentro de sus áreas de finanzas y tesorería. Ya que la operación de dichos pagos/cobros requiere la intervención de más de una institución financiera.

Los pagos internacionales se definen como las operaciones o transacciones que involucran el cambio de divisas entre personas o empresas y que se encuentran en diferentes países. El remitente o entidad que realiza el envío de dinero (pago) que para nuestro caso es el importador, generalmente elegirá un proveedor que típicamente puede ser un banco o un transmisor de dinero para iniciar el proceso. Posteriormente, el beneficiario (o exportador) recibe el pago a través del medio establecido por el remitente. Este proceso, aparentemente simple, se opera a través de lo que llamamos banca corresponsal (CBN) y que es utilizado por la mayoría de los bancos y transmisores de dinero para liquidar el pago (ver gráfica – Estructura Típica de Pagos Internacionales).

Los principales puntos de dolor que viven los pequeños y medianos importadores, así como las áreas de tesorería y finanzas de empresas de mayor tamaño están claramente identificados. Aun cuando el proceso de pagos internacionales ha recibido múltiples mejoras durante los años, todavía quedan áreas de oportunidad y mejora. Como por ejemplo:

  • Falta de visibilidad sobre los fondos: Una vez pactado el tipo de cambio y realizado el pago correspondiente, el importador no siempre tiene forma de saber de manera rápida y apropiada el estatus de la transacción, así como la certeza de cuándo su pago llegará al destino final. Múltiples instituciones han realizado mejoras al proceso en los principales mercados del mundo, para generar la mayor certidumbre posible. Sin embargo, los flujos de información al remitente o importador no son suficientes. Es decir, se requiere de mucha más información y coordinación para alcanzar el nivel de certeza esperada:
  • Velocidad en el proceso de envío: Como ya mencionamos, muchos de los intermediarios financieros han creado una red internacional de pagos soportada por bancos corresponsales. Esta red de bancos no necesariamente es compartida, lo que complica la velocidad con que los flujos son transmitidos de una institución a otra.
  • Facilidad de pago: Las plataformas más modernas están mejorando de forma sustancial su modelo de atención, permitiendo a los usuarios pactar el tipo de cambio desde sus mismas aplicaciones bancarias y cerrar las transacciones vía electrónica. Es interesante ver todavía algunos bancos o intermediarios pactar los tipos de cambio vía telefónica o presencial cuando los sistemas pueden hacerlo de forma mucho más eficiente y directa.
  • Costo: El costo del procesamiento de las transacciones u órdenes de pago puede llegar a integrarse de 2 componentes principales: 1) El tipo de cambio negociado, y 2) Las comisiones aplicables. De estos componentes, las comisiones aplicables suelen ser el mayor punto de dolor dado que impactan el costo total de adquisición por el importador del producto o servicio.

Ante esta realidad, múltiples jugadores han desarrollado nuevas redes o modelos de atención para que los importadores puedan resolver varios de los puntos de dolor. Las nuevas opciones disponibles buscan mejorar la interoperabilidad entre los métodos de pago y dar mejores opciones para que los remitentes (importadores) y beneficiarios puedan tener más información y comunicación.

Un ejemplo de este nuevo tipo de jugador es TransferMate. TransferMate es una empresa de tecnología B2B que ha creado una red global de cuentas locales en múltiples países para facilitar el proceso de pago y cobranza internacional.

TransferMate resuelve los principales problemas que enfrentan los importadores al pagar internacionalmente. Su plataforma y sus procesos permiten al usuario pactar el tipo de cambio en línea, dar visibilidad y estatus de la transacción en todo momento, optimizar el costo de operación y comisiones (los pagos se hacen a través de bancos locales evitando comisiones innecesarias) y completar el pago en un plazo no mayor a 24 horas a +162 países y + 134 monedas.

Esta empresa de origen irlandés, fundada en 2010 con oficinas en más de 13 países, incluido México, demuestra que es posible establecer un proceso de pagos internacionales moderno y eficiente.

El futuro del mercado de pagos internacionales seguirá evolucionando y muy seguramente nos seguirá impresionando ante la inminente llegada de nuevos y más completos modelos de operación.

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